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25 de enero de 2018

El tarot como objeto y el tarot como método



A propósito del intercambio de opiniones con colegas e historiadores del tarot me ha parecido adecuado aclarar algo respecto al ecosistema que compartimos y en donde se reconocen dos sistemas de estudio fundamentales que hay que definir y separar para aprovechar al máximo sus virtudes. Una forma es entender el tarot como las láminas de cartón que son y otra como el método de lectura que usan los tarotistas y que puede decantar hacia el aspecto terapéutico o predictivo.

EL TAROT COMO OBJETO

Esta definición refiere de manera histórica a un conjunto de cartas utilizadas para jugar, de formato más o menos parecido que prácticamente todos los expertos ubican en la Europa del siglo XV, especialmente en el norte de Italia. Luego de minuciosos estudios quedó claro que su origen no era francés aunque Marsella parezca ser su referente habitual. Descartadas quedan también la hipotesis egipcia y la gitana, remitiendo a los historiadores Thierry Depaulis y Michael Dummett que coinciden en el origen europeo de tarot y en la idea de que en sus inicios no tenía relación alguna con el aspecto esotérico que se les adjudica hoy. Ellos mismos han descrito cómo esta conexión con el ocultismo sucedió a posterior y de manera arbitraria, con la expansión de esta rama de conocimiento desde donde bebieron luego otros personajes interesados en adornar con sus creencias las láminas de cartón. Antes de eso las cartas eran solo un objeto de entretención común sin una pizca mística e incluso al día de hoy, para algunos sigue siendo lo que es, un juego.

EL TAROT COMO MÉTODO

Esta definición refiere a la práctica o uso de las cartas de tarot para expresar a través de ellas cualidades predictivas y de análisis respecto a otras personas. Este sistema comienza comienza fundamentalmente cuando algunas barajas caen en manos de ocultistas y escuelas esotéricas a finales del siglo XVIII (Gèbelin, Etteilla). De ahí en adelante se crea esta vía de conocimiento que sin necesidad de sostenerse en pruebas tangibles y concretas se explaya en aspectos religiosos y dogmáticos que cada escuela esotérica decide plasmar en el tarot y que definen también su uso para la adivinación y el más moderno aspecto terapéutico. De ahí en adelante ya casi todos sabemos la historia de cómo unos relacionaban las cartas con la cábala, otros con antiguas imágenes encontradas en egipto y otros con ideas poco consistentes que se basaban más en presunciones simbólicas más que en hechos históricos concretos. En mi caso el estudio del método se desmarca por completo del aspecto ocultista y enfoca más en los procesos cognitivos que se ven implicados en este ejercicio de leer a otras personas porque al igual que los historiadores del tarot entiendo que las cartas son solo unas láminas de cartón sin ningún secreto místico que son utilizadas por personas que han decantado hacia las artes predictivas de manera espontánea y para cubrir una necesidad que trasciende incluso más allá de la existencia y uso de las cartas.

DIFERENCIAS Y FORTALEZAS

Establezco las diferencias entre ambas vías de estudio precisamente porque he conocido historiadores del tarot-objeto que suelen desmarcarse del tarot-método no estando informados de aquello porque evidentemente no es tema de su interés ni de su estudio de la misma forma en que suele haber tarotistas no lo suficientemente informados de los entresijos históricos precisamente por estar sumergidos en el estudio del método. Entonces y pese a ser caminos de conocimiento totalmente distintos resultan a la vez complementarios que pueden y deben retroalimentarse para fortalecer así todo aquello relacionado con el tarot.

Queda hecha también la autocrítica hacia nosotros los tarotistas que muchas veces sumergidos en el método olvidamos las viejas lecciones de historia que nos ofrecen una base sólida para sostener nuestra mesa de trabajo y también toda argumentación que acompañamos a nuestro método. Yo mismo estudié hace años el contexto histórico de las cartas y entendí en una época temprana las falacias que abundaban en el mundo del tarot, como la de su origen egipcio o gitano o sus múltiples relaciones con elementos místicos y religiosos que han sido encajados de manera forzosa en los métodos de interpretación.

Ahora por una serie de circunstancias he vuelto a coger mis apuntes para refrescar mi memoria y con mayor motivo invito a mis colegas a revisar los registros históricos a través de Michael Dummett o Thierry Depaulis (entre otros) para así mantener siempre viva la información del tarot-objeto que es un complemento esencial para todo tarotista aplicado en el método.


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